29 de agosto de 2016

Un día ella me planteó que quería viajar con su papá a Traslasierra a ver a su primo.
No le di importancia, no sé porqué, pero no se la di. A la noche novio/padre me plantea lo mismo. Que le gustaría viajar solo con Jana a ver a su familia. Que cree que ella está grande para irse con él, y que bla bla bla. No escuché nada más. Solo relacionaba el comentario de la mañana de ella con el de él de ahora. Entendí que habían hablado. Que se habían puesto de acuerdo, que querían eso (y mucho). Y que yo debía acompañar esa situación. Me mareaba de pensarlo. no es una forma de decir, me mareaba de verdad. Grande no está, eso lo sé, pero bueno. Estaban más que entusiasmados, ellos, claro. Yo perpleja. 
Llegó el día, hIcimos su valija, con la ropa, las cosas del baño, sus libros y juegos.En el momento que se iban me abrazó emocionadisima como casi nunca la vi. "Te voy a extrañar", me dijo. No pude más que contestar que yo también pero que cualquier cosa podía volver cuando quisiera. Seis noches fueron. Eternas, obviamente.
En casa quedamos Fidel y yo. Nada me resultaba tan frío, tan desolador como casa sin ella.
Durante el tiempo que duró el viaje solo quiso hablar por teléfono una vez y casi que no cruzó palabras más que "mamá, si, no, Fidu -como lo llama al hermano- y beso". Respiré hondo en varios momentos, lloré varias veces extrañándola mucho. 
Es infernal la poca empatia que le genera a las personas el vinculo madre e hija estrecho. Pocos entendían realmente lo que sentía o lo angustiante de la situación para mi. La mayoría se reía como si yo estuviese actuando mi corazón partido." Va a estar bueno, no solo para ella sino para vos". No podía dejar de preguntarme que podía saber esa persona (sea o no cercana) sobre qué era bueno o no realmente para mis hijos o para mi, y no dejaba de preguntarme si esa persona alguna vez viajó sin su mamá a sus tres años o si dejo de ver a algún hijo por varios días. Tampoco me importaba tanto, porque entiendo que cada uno cría y crece como quiere, elige y puede. Y que los dolores, angustias y amores molestan e incomodan a muchos. 
Una mañana volvió. Más grande, más curtida, más bronceada. Nos abrazamos y de a poco volvimos a conectar. Recién después de una semana empezó muuuuuy de a poco a contarme algo de su aventura. algo, no mucho. Ya pasaron quince días y todavía me tira frases de aquellos días. En mí, ese tiempo, quedo como cuando estas viajando en avión y pasas por esos grandes pozos de aire que te hacen doler la panza (o al menos a mi).
*Verte volar, crecer, andar, es uno de los placeres más enormes, y otras de tus grandes enseñanzas
**De los días y andanzas con Fidu, merecen relato propio 
ilustración by Chivy Salado

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