16 de mayo de 2016

Picadito (de todo un poco o un poco de todo)



Un mes entero enfermos. Primero el más peque, después novio/padre, le siguió ella, luego yo y después otra vez el más peque para finalizar ella otra vez. Un mes entero. Sentí que estaba en un túnel sin salida. Sentí cansancio, agotamiento. 

Por momentos ella tan chiquita y tan grande descubriendo más su cuerpo, el entorno, y su nuevo jardín. Sus frases, su manera de mostrar como va comprendiendo todo -de a poco y todo junto-. No dejan de sorprenderme sus razonamientos o preguntas.

¿Por qué tenemos la nariz acá mami?

¿Será que vamos a ir al jardín una noche? –me mata que hace preguntas que empiezan con Será-

¿la luna y esa estrella nos siguen a casita para que nos vayamos a dormir?

No se dice justo, mami, eso no se dice
.

No termina de captar las palabras que no se dicen, principalmente porque no sabemos cuáles son, y con la palabra JUSTO, tiene un mambo, le suena a pelotudo, me parece. No para un minuto de hablar, de contar, de explicar, de charlar. Habla mucho y pregunta mucho más. Mil veces no tengo respuesta. No sé porqué la nariz está ahí, no lo sé o no me parece dar una clase de anatomía la mejor opción. Y me encuentro así, sin saber qué responder. Y sale un “No sé”, o un “Después le preguntamos a papá” o simplemente la miro y sonrío porque me sobrepasa el día, tantas veces. Y al rato me arrepiento, porque sé que esto no es para siempre y que extrañaré profundamente su nopararunsegundo.

Pasaron también despedidas profundas de gente muy cercana, gente amada. Eso nunca te deja igual frente a la vida. Ni para los que vivieron esa situación espantosa, ni para los que acompañamos de afuera (o de adentro). Te replantea la forma en cómo te tomás todo, el valor de estar y elegir, y elegirse. O no.

Fidel con seis meses ya tiene dos dientes, repta, gira, se ríe, manotea. No entiendo cómo sucedió. Cuando Jana llego a tener la misma edad que hoy tiene él, para mí había pasado una eternidad desde el nacimiento. Pero esta vez se me voló el tiempo, se me sigue escurriendo el cotidiano. Ya va medio año de haber parido. De ser mamá de dos, de buscar y rebuscar rutinas donde cada uno pueda estar mejor, más contento y más libre.

Libre de feliz, de satisfecho, de estar donde se quiere estar. De ese libre hablo. Y los miedos que siguen siendo escalones hacia arriba o hacia algún lado mejor. Cada paso es una batalla ganada frente a la opción de quedar paralizada -tal cual me pasaba antes- y ya hoy casi no me sucede. Tal vez por falta de tiempo al pedo, porque si algo produce el ocio, en muchos casos, es la rosca de más y porque sí, sin sentido. El ocio hoy es un bien tan preciado que casi que estaría prohibido malgastarlo en esas nimiedades.

ilustración Chivy Salado

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