19 de noviembre de 2014



















Siempre tuve el mambin de que la palabra vale mucho.
Mucho más que todo.
Así me manejo en muchos ambitos, incluso iluminadas.
Pero desde que nació Jana la palabra cobró aún más peso.
Con toooodooo lo que eso significa.
Suelen preguntarme si hace falta que le explique a ella
todo a su edad. Como si tener casi dos años implica
no comprender cuando te hablan.
Creo, confío y sé que entiende mucho más de lo que imagino,
y así con todos los peques.
Muchas de las explicaciones no son -obviamente-
con lujos de detalles ni grandes profundidades,
pero sí le explico, le cuento, le describo, le pregunto, la escucho.
Le doy mi palabra en muchas situaciones.
Es un pacto. Y sé que confía como yo en ella.
Le digo no sé, cuando realmente no sé.

Hoy hubo un trueno mmmuuuyy fuerte.
Ella corrió. La alcé y no quería volver a bajarse,
le conté qué había pasado y al final aflojó.

La palabra. La confianza.

Al rato la encontré hablandole a uno de sus bebés.
Le contaba o explicaba algo (que no supe entender)
y al final concluyó con un: "Si?"
Toda la vida en mis ojos cada instante que la veo.

*pensé hoy venía de catársis ya que hace una semana que duermo un par de horas
por culpa de la tos que invade a la peque por las noches y el aluvión ya festivo
de los pedidos (gracia'dio') de iluminadas, pero parece que el trueno ganó, 
sonó fuerte y cambió rumbos, je*

ilustración by Seelvana para Medife

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